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Andrés Neuman

El que espera

  • Adriana Grisel Pérez Lópezcompartió una citael mes pasado
    Si hasta la más escéptica de las esperas está sustentada por alguna esperanza, no tener qué esperar nos llevaría a la desesperación, que es acaso una ausencia de palabras.
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    El peso de la atmósfera y la construcción de un clima, lejos de debilitar el argumento de un relato, son para mí una buena manera de potenciar su intensidad. De abrir en abanico las posibilidades de un texto que se creía restringido por su limitada extensión. Más aún cuando los finales, como sucede en muchas de las historias de este libro, llegan solo a medias o no llegan.
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    Por fortuna, los textos siempre superan a la teoría, por no decir que a menudo se burlan de ella. Quizá pueda observarse, sin embargo, que muchos de los cuentos de El que espera intentan dialogar con cierta tradición latinoamericana de la que forman parte Virgilio Piñera, Juan José Arreola, Augusto Monterroso o Clarice Lispector; y que están asimismo ligados a cierta heterodoxia de lo minúsculo que han frecuentado narradores catalanes como Joan Perucho, Pere Calders o Quim Monzó, y autores de otras lenguas como Giorgio Manganelli, Lydia Davis o Sławomir Mrozek.
  • Adriana Grisel Pérez Lópezcompartió una citael mes pasado
    La estructura, y no la extensión, es por tanto el factor primordial que distingue a los microcuentos. Los cuales, a mi modo de ver, no resultan del todo asimilables a los textos escritos por la mayoría de maestros del género breve durante el siglo pasado: de Borges, Ocampo o Cortázar a Ribeyro, Bryce u Onetti, pasando por Chéjov, O’Connor o Cheever. Por el contrario, los microcuentos parecen constituir un auténtico subgénero, puesto que poseen sus pequeñas pero rigurosas leyes internas.
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    estructura, y no la extensión, es por tanto el factor primordial que distingue a los microcuentos. Los cuales, a mi modo de ver, no resultan del todo asimilables a los textos escritos por la mayoría de maestros del género breve durante el siglo pasado: de Borges, Ocampo o Cortázar a Ribeyro, Bryce u Onetti, pasando por Chéjov, O’Connor o Cheever. Por el contrario, los microcuentos parecen constituir un auténtico subgénero, puesto que poseen sus pequeñas pero rigurosas leyes internas.
  • Adriana Grisel Pérez Lópezcompartió una citael mes pasado
    Todo bibliotecario, razonaba Jorge Luis, es un paradójico monarca. Un monarca al servicio de sus súbditos impresos. Aunque el bibliotecario es rico, nada tiene que perder: su patrimonio es el ajeno; su fortuna, infinita. Un bibliotecario no es necesariamente feliz, pero en cambio posee la felicidad. Su labor tiene método, como toda belleza. En cuanto a la paciencia, él la tenía a montones. Bastaba con amar un solo libro. Y, con el tiempo, se llegaba a amar todos los demás.
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    Todo bibliotecario, razonaba Jorge Luis, es un paradójico monarca. Un monarca al servicio de sus súbditos impresos. Aunque el bibliotecario es rico, nada tiene que perder: su patrimonio es el ajeno; su fortuna, infinita. Un bibliotecario no es necesariamente feliz, pero en cambio posee la felicidad.
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    bibliotecario, razonaba Jorge Luis, es un paradójico monarca. Un monarca al servicio de sus súbditos impresos. Aunque el bibliotecario es rico, nada tiene que perder: su patrimonio es el ajeno; su fortuna, infinita. Un bibliotecario no es necesariamente feliz, pero en cambio posee la felicidad.
  • Adriana Grisel Pérez Lópezcompartió una citael mes pasado
    ¿Por qué era delicioso un pez letal? Kenzaburo pensó en la idea del castigo
  • Adriana Grisel Pérez Lópezcompartió una citael mes pasado
    Pero él sabía que eso no era posible, porque los peces globo apenas vivían unos pocos meses antes de darse muerte a sí mismos, haciendo explotar sus glándulas venenosas dentro de su estómago.
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