Citas de “Pregúntale al polvo” de John Fante

Leonardo Bautista
Leonardo Bautistacompartió una citael año pasado
En realidad no era una mentira; era un deseo, no una mentira, y quizás ni siquiera un deseo, tal vez un hecho consumado, y la única manera de saberlo era vigilar la llegada del cartero, observarlo con atención, revisar las cartas cuando las dejaba en la mesa del vestíbulo, preguntarle a bocajarro si había alguna para Bandini.
Brashan
Brashancompartió una citahace 3 años
Yo era joven, pasaba hambre, bebía, quería ser escritor.
Diego Ospina
Diego Ospinacompartió una citahace 20 días
Con dolor de contrición me esforcé por afrontar la prueba de obtener perdón. Pero ¿de quién? ¿De Dios, de Jesucristo? Dios y Jesús eran mitos en los que había creído antaño, y ahora eran creencias que en mi sentir eran mitos.
Diego Ospina
Diego Ospinacompartió una citahace 20 días
Una noche llegué al punto de Santa Mónica donde Camila y yo nos habíamos bañado en el curso de los primeros días. Me detuve y contemplé las olas espumosas y la calígine llena de incógnitas. La recordé corriendo entre los rugidos coronados de espuma, deleitándose en la libertad salvaje de aquella noche. Camila. Qué criatura.
Diego Ospina
Diego Ospinacompartió una citahace 20 días
En el asiento estaba el ejemplar de mi novela, mi primera novela. Encontré un lápiz, abrí el libro por la primera página en blanco y escribí:

Para Camila con amor,

Arturo

Me adentré con el libro en el desierto un centenar de metros, en dirección sureste. Lo arrojé con todas mis fuerzas por donde se había ido Camila. Luego volví al vehículo, lo puse en marcha y emprendí el regreso a Los Ángeles.
Diego Ospina
Diego Ospinacompartió una citahace 20 días
Ahora pertenecía a las montañas. ¡Que las montañas la cobijasen! Que volviera a la soledad de aquellas montañas secretas. Que viviera con las piedras y el cielo, con el viento azotándole el cabello hasta el final. Que viviera de aquel modo.
Diego Ospina
Diego Ospinacompartió una citahace 20 días
y cuando llegaron los días de cielo despejado emprendí viajes largos, siguiendo la línea azul de la costa, a Ventura y Santa Bárbara por el norte, a San Clemente y San Diego por el sur, siguiendo la raya blanca del asfalto, bajo las estrellas acechantes, con el pie apoyado en la consola de mandos, con la cabeza llena de proyectos para escribir otro libro, una noche, y otra, y otra, noches todas que en conjunto me proporcionaron una serie de días delirantes y visionarios como nunca había conocido, días serenos cuyo sentido temía cuestionarm
Diego Ospina
Diego Ospinacompartió una citahace 21 días
Su cara era la cara de una rosa marchita, apresada y puesta a secar entre las páginas de un libro, lívida, sin más vida que la que los ojos manifestaban.
Diego Ospina
Diego Ospinacompartió una citahace 21 días
Cuando terminó todo, el delirio de flotar hacia estrellas que reventaban, y la carne volvió a meter la sangre en sus prosaicos conductos, cuando volvió la habitación, la habitación sucia y sórdida, el techo vacuo y absurdo, el mundo deshecho y agotado, no notaba más que un sentimiento de culpa que ya conocía, la sensación de haber cometido un delito, de haber infringido la ley, de haber cometido el pecado de la autodestrucción.
Diego Ospina
Diego Ospinacompartió una citahace 23 días
No despreciaba a Arturo Bandini, en absoluto. Lo que no soportaba era que yo no encajase en las ideas preconcebidas que ella tenía en la cabeza. Quería amarme, pero no sabía hacerlo. Quería que yo fuese como Sammy: tranquilo, taciturno, duro y distante, buen tirador con el fusil, un buen camarero que la aceptaba como se acepta a una camarera y nada más.
Diego Ospina
Diego Ospinacompartió una citahace 23 días
Yo no era sólo un gran escritor: ya no la temía, podía mirarla a la cara como un hombre tiene que mirar a la cara a una mujer.
Diego Ospina
Diego Ospinacompartió una citael mes pasado
La putilla que tú y yo conocemos ha estado aquí esta noche; ya sabes, la hispana de cuerpo escultórico y seso de mosquito. Me enseñó unos cuentos que, según me dijo, habías escrito tú. Me dijo también que estabas a punto de irte al otro barrio. En circunstancias normales, la situación sería ya horrible de por sí. Pero después de leer la mierda que has escrito, permíteme decir, en nombre del mundo en general, que si desapareces de este valle de lágrimas será una suerte para todos. No sabes escribir, Sammy. Te sugiero que dediques las últimas energías que te quedan a poner en orden tu espíritu de mongólico antes de que abandones un mundo que respirará de alivio cuando desaparezcas. Me gustaría poder decirte con sinceridad que no quiero que te mueras. También desearía que, al igual que yo, pasaras a la posteridad con algún monumento que recordara el tiempo que pasaste en la tierra. Pero como salta a la vista que ello es imposible, quisiera ayudarte a pasar los pocos días que te quedan sin amargura ni resentimiento. La vida ha sido muy cruel contigo. Al igual que el resto de los mortales, supongo que también tú estarás contento de que todo vaya a acabarse dentro de poco y de que los garabatos con que has engorrinado la blancura inmaculada del papel no tengan nunca la oportunidad de analizarse desde un punto de vista más intolerante. Cuando te insto a que quemes toda la basura que has cometido y a que en lo sucesivo te mantengas al margen de todo sacrilegio literario, lo hago en nombre de todas las personas sensibles y civilizadas. Si tienes máquina de escribir, mi dictamen sigue siendo el mismo; porque mecanografiar tus manuscritos sería una desgracia para la humanidad. No obstante, si persiste tu delictivo deseo de escribir, te ruego me envíes las cagarrutas que te dicte la inspiración. Ya sé que no lo haces adrede, pero me río mucho leyéndote. Algo es algo.
Diego Ospina
Diego Ospinacompartió una citael mes pasado
Era mucho más discreta y elegante que yo, muchísimo más sincera, tanto que sentía asco de mí mismo, no podía sostener la mirada de sus ojos tiernos y reprimía los escalofríos que me producían sus brazos morenos alrededor de mi cuello y sus dedos largos en mi cabeza.
Diego Ospina
Diego Ospinacompartió una citael mes pasado
Camila hacía que me sintiera extraño ante mí mismo; ella era una mezcla de noches de sosiego, de eucaliptos que se perdían en las alturas, de estrellas del desierto, de aquella tierra y aquel cielo, de la niebla del exterior, territorios a los que yo había llegado sin otro objetivo que ser un simple escritor, ganar dinero, obtener reputación y zarandajas por el estilo.
Diego Ospina
Diego Ospinacompartió una citael mes pasado
Qué persona tan extraordinaria era yo! Un hombre de espíritu grandioso, sereno y generoso, un enamorado de todos los seres, de los hombres y los animales por igual.
Diego Ospina
Diego Ospinacompartió una citael mes pasado
En aquel punto, la raza humana se me antojó una raza valiente y me sentí orgulloso de pertenecer a ella. La maldad del mundo no era maldad, sino un elemento inevitable y benéfico y que formaba parte de la lucha interminable por contener y domeñar el desierto.
Diego Ospina
Diego Ospinacompartió una citael mes pasado
El desierto estaría siempre allí, animal blanco y paciente que aguardaba a que los hombres desaparecieran, a que las civilizaciones se tambaleasen y se sumergiesen en las tinieblas.
Diego Ospina
Diego Ospinacompartió una citael mes pasado
Me besó. Bandini el hombre de paja.
Diego Ospina
Diego Ospinacompartió una citael mes pasado
Cada movimiento que hacía, la curva suave del cuello, los pechos grandes que le hinchaban el uniforme, las manos delicadas apoyadas en el lecho, los dedos abiertos, todo me turbaba y una pesadez dulce y dolorosa me hacía caer en trance. Y el sonido de su voz, contenido, bordeando la burla, una voz que hablaba a mi sangre y a mis huesos.
Diego Ospina
Diego Ospinacompartió una citael mes pasado
Dios de mi vida, sé bueno conmigo, dame una lengua de azúcar para que los tristes y solitarios me escuchen y sean felices.
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