Pregúntale al polvo, John Fante
John Fante

Pregúntale al polvo

Avisarme cuando se agregue el libro
Para leer este libro carga un archivo EPUB o FB2 en Bookmate. ¿Cómo puedo cargar un libro?
Leonardo Bautista
Leonardo Bautistacompartió una citael año pasado
En realidad no era una mentira; era un deseo, no una mentira, y quizás ni siquiera un deseo, tal vez un hecho consumado, y la única manera de saberlo era vigilar la llegada del cartero, observarlo con atención, revisar las cartas cuando las dejaba en la mesa del vestíbulo, preguntarle a bocajarro si había alguna para Bandini.
Brashan
Brashancompartió una citahace 3 años
Yo era joven, pasaba hambre, bebía, quería ser escritor.
Stann Maradiaga
Stann Maradiagacompartió una citahace 14 días
Para Camila con amor,
Arturo
Me adentré con el libro en el desierto un centenar de metros, en dirección sureste. Lo arrojé con todas mis fuerzas por donde se había ido Camila.
Stann Maradiaga
Stann Maradiagacompartió una citahace 14 días
¿Qué le podía ofrecer, salvo un retorno a la sociedad bárbara que había acabado con ella?
Stann Maradiaga
Stann Maradiagacompartió una citahace 14 días
Moría una persona y el desierto mantenía su muerte en secreto, seguía acosándola hasta cubrir su recuerdo con viento, calor y frío inmemoriales.
Stann Maradiaga
Stann Maradiagacompartió una citahace 14 días
Entraba en los grandes almacenes y lo veía rodeado de miles de volúmenes como él, mi libro, mis palabras, mi nombre, mi razón de vivir.
Stann Maradiaga
Stann Maradiagacompartió una citahace 14 días
Miraba las caras alrededor y sabía que no eran diferentes de la mía. Caras exangües, caras tensas, preocupadas, desorientadas. Caras semejantes a flores arrancadas de cuajo y metidas en floreros bonitos, flores cuyos colores y matices se marchitarían pronto. Tenía que escapar de aquella ciudad.
Stann Maradiaga
Stann Maradiagacompartió una citahace 14 días
La tierra de Camila, su patria, el mar y el desierto, la tierra hermosa, el cielo inconmensurable, y muy lejos, hacia el norte, la luna, que no se había movido desde la noche anterior.
Stann Maradiaga
Stann Maradiagacompartió una citahace 14 días
Conducía despacio. Un día hermoso, el cielo del mismo color que el mar, el mar del mismo color que el cielo.
Stann Maradiaga
Stann Maradiagacompartió una citahace 14 días
Willie –dije–. Se llama Willie.
Lo llevaba Camila en el regazo y el animal se puso a gemir.
–No –dijo ella–. Se llama Blancanieves.
–Pero ése es un nombre femenino.
–No importa.
Me desvié hacia el arcén.
–Sí importa –dije–. O le pones otro nombre o se queda.
–Está bien –transigió–. Se llamará Willie.
Stann Maradiaga
Stann Maradiagacompartió una citahace 14 días
–Sí importa –dije–. O le pones otro nombre o se queda.
Stann Maradiaga
Stann Maradiagacompartió una citahace 14 días
Camila. Qué criatura.
Stann Maradiaga
Stann Maradiagacompartió una citahace 14 días
de actualidad. ¡Paparruchas! ¡Partidarios de la guerra, carcamales que pobláis el vestíbulo de la pensión Alta Loma, he aquí la verdadera noticia, hela aquí: un papelito con las firmas, endosos y refrendos correspondientes, un sencillo papel, mi libro! A la mierda el Hitler ese, esto es más importante que Hitler, se trata de mi libro.
Stann Maradiaga
Stann Maradiagacompartió una citahace 14 días
Guerra en Europa, un discurso de Hitler, jaleo en Polonia, tales eran los temas
Stann Maradiaga
Stann Maradiagacompartió una citahace 14 días
Me metí bajo la cama y me quedé allí. Ya no me hacía falta la luz del sol. Ni la tierra, ni el cielo. Allí me quedé, contento, dispuesto a morir. Ya no podía sucederme nada más. Mi vida había concluido.
Stann Maradiaga
Stann Maradiagacompartió una citahace 14 días
Volví a practicar la oración. Fui a misa y comulgué. Hice una novena. Encendí velas en el altar de la Bienaventurada Virgen María. Recé porque se produjera un milagro.
Stann Maradiaga
Stann Maradiagacompartió una citahace 14 días
Cuando terminó todo, el delirio de flotar hacia estrellas que reventaban, y la carne volvió a meter la sangre en sus prosaicos conductos, cuando volvió la habitación, la habitación sucia y sórdida, el techo vacuo y absurdo, el mundo deshecho y agotado, no notaba más que un sentimiento de culpa que ya conocía, la sensación de haber cometido un delito, de haber infringido la ley, de haber cometido el pecado de la autodestrucción.
Stann Maradiaga
Stann Maradiagacompartió una citahace 14 días
yo no estaba ya en aquella habitación, estaba fuera de los confines de mi carne, flotaba en una tierra de lunas resplandecientes y estrellas parpadeantes. Me sentía invencible. Yo no era yo, jamás había sido aquel individuo de macabra felicidad y extraño valor.
Stann Maradiaga
Stann Maradiagacompartió una citahace 14 días
pasillo oscuro de aquella pensión de Central Avenue, el negro siniestro, el cuarto sombrío de los drogadictos y ahora la chica que amaba a un hombre que la despreciaba. Todo era harina del mismo costal, perverso, fascinante a causa de su fealdad misma.
Stann Maradiaga
Stann Maradiagacompartió una citahace 14 días
Arturo Bandini estuvo genial aquella noche, porque hablaba con su amor de verdad, que no eras tú, ni Vera Rivken tampoco, sino sólo su amor de verdad.
fb2epub
Arrastra y suelta tus archivos (no más de 5 por vez)