Cuando las dictaduras de Chile o Argentina desaparecieron, torturaron, asesinaron a izquierdistas de clase media, eso no hubo quien lo olvide o lo perdone, nace la canción protesta popular, llora el mundo, se exilian, se hacen homenajes, conocemos las listas con nombre y apellido de sus muertos, de sus desaparecidos, les dan flores a sus hijos y nietos en las conmemoraciones, les dedican exposiciones en todo el mundo. Para los indios desaparecidos, para sus asesinados, en cambio, las fosas comunes, la amnesia, el desafecto. Eso tiene un nombre: racismo. Los botan de sus territorios para luego obligarlos a trabajar para las minas, para la agricultura, para las empresas textiles, para el turismo, en esas mismas tierras, pagándoles miserias. Claro que tengo miedo, pero más miedo me da que sigamos bajo este régimen policial militar que se está llevando por delante a toda una generación de jóvenes, compañeras y compañeros válidos, que siga creciendo el número de presos políticos, temo que no podamos recuperar esa otra política que nos robaron, por eso salgo a disputarles la política, quiero hacer política para los márgenes.