Dormir es como una plegaria, pero cuando despiertas por la noche, a las 3 de la madrugada, ves en qué hermosa habitación de la Vía Láctea te encuentras, bajo un techo de tenues nubes blancas y millones de universos, y aún más, porque el número es incalculable, ningún ordenador Univac con el cerebro lavado podría medir el alcance del premio que vemos en lo alto.