Libros
Natalia Ginzburg

Sagitario

    Berenice Torrescompartió una citahace 8 meses
    Ahora entendía mi madre el sentido de aquella sonrisa. Era la sonrisa de quien prefiere que lo dejen al margen para desaparecer poco a poco en las sombras.
    Sandra Viviana Chisaca Leivacompartió una citahace 9 meses
    A ratos se sorprendía de abrigar, en el fondo de su alma, el sueño de una larga amistad con Valeria, y un futuro de empresas compartidas en aquel estudio cubierto de estanterías, pero se cansaba enseguida de ese sueño que le parecía árido y seco, sin alegría ni sustancia, y pensaba que ya era vieja y que la vida no le había dado nada.

    Comenzó a salir de nuevo un poco, pero
    Sandra Viviana Chisaca Leivacompartió una citahace 9 meses
    Y así cruzó la ciudad entera a pie, apoyándose cada tanto en un muro y sollozando, pero si alguien se detenía a mirarla retomaba el paso y apretaba fuerte aquel bolso en el que sólo había unas migajas porque ahora tenía miedo de que todos le fueran a robar.
    Sandra Viviana Chisaca Leivacompartió una citahace 9 meses
    Entonces lo entendió todo. Cuando levantó la cabeza mi madre se vio la cara reflejada en el espejo: una cara arrugada e hinchada, cubierta de manchas rojas. Dio una vuelta por todas las habitaciones: en el aparador faltaban los cubiertos y sólo había platos; el pequeño cuarto de los cuadros estaba vacío, y en el baño estaba colgada la bata desgastada de un gancho. En la cocina había quedado sobre la mesa una cacerola con un poco de achicoria cocida que parecía una bola verde y un tallo de apio en un vaso
    Sandra Viviana Chisaca Leivacompartió una citahace 9 meses
    No, dijo Scilla, no era fácil criar a una hija; se pensaba que a estas alturas, en una sociedad moderna como la nuestra, habían desaparecido ciertos prejuicios, pero lo cierto era que no, ella misma se había visto expuesta a todo tipo de maledicencias por el hecho de estar separada, y a Barbara, sólo por ser escandalosa y muy cría, muchos la tomaban por una casquivana, cuando en realidad no era más que una muchacha.
    Sandra Viviana Chisaca Leivacompartió una citahace 9 meses
    A nosotras nos gustaba aquella pequeña plaza con su fuentecilla, con el rótulo de neón de la taberna y en el centro el monumento de bronce y su pedestal cubierto de nieve. Me parecía que aquella pequeña plaza y aquella cocinita y aquella pequeña habitación nuestra con los libros y la mesa en la que yo estudiaba por la noche eran un puerto seguro al que volvíamos para encontrar paz y consuelo. En unos meses mi amiga estaría casada y yo me quedaría sola en aquella habitación, anotando cada noche con tinta roja en los márgenes de los cuadernos las cosas que tenía que recordar.
    Ivana Melgozacompartió una citahace 9 meses
    Mientras nos desvestíamos para acostarnos, mi amiga me dijo que también yo debía pensar en casarme, y le respondí que me gustaría, pero que tenía el presentimiento de que aquello era algo que no me iba a ocurrir en la vida.
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