Lauren Weisberger

La Venganza Viste De Prada

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    Ivanna Peñaloza Acevedocompartió una citahace 4 años
    —Eres increíble. Como una organizadora de eventos profesional. Jamás había visto nada igual.
    —Ésta es mi chica —dijo Emily con una débil sonrisa—. Yo le he enseñado todo lo que sabe.
    —Ya, bueno, eres toda una arpía, pero aún no le llegas a Miranda ni a la suela del zapato —repuso Andy, dándole una palmadita en la frente a su amiga—. La próxima vez, ponme a prueba.
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    Entre los dos, medio arrastraron a Emily hasta la puerta principal y, una vez dentro, se encontraron con un escenario de silencio absoluto. A excepción de un adolescente que estaba viendo lo que parecía un episodio de los años ochenta de la telenovela «Hospital general», en una tele en blanco y negro fijada a la pared, el lugar estaba completamente desierto.
    Emily empezó a gimotear.
    —Sacadme de aquí. Me matarán, si es que no me muero yo antes.
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    —Ojalá me interesaran un poco los Knicks o el baloncesto en general —dijo Andy, acariciándose la barriga—. Tengo la sensación de que no lo apreciamos de verdad.
    A su espalda, la multitud rugió cuando Carmelo Anthony salió a la pista para empezar los ejercicios de calentamiento.
    —Por favor —replicó Emily con un gesto de impaciencia—. Yo he venido para disfrutar de la experiencia de sentarme en primera fila con los vips, y tú has venido por la comida. Mientras lo tengamos claro, todo irá bien.
    Ivanna Peñaloza Acevedocompartió una citahace 4 años
    Enviar un obsequio de agradecimiento al director por tener en cuenta lo del zumo de pomelo. Buscar a Nigel, transmitirle información milagrosamente específica y seguir al pie de la letra las instrucciones sobre las citas de acicalamiento.
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    A su lado, la respiración de Max se volvió más sosegada: su pecho subía y bajaba con una regularidad previsible. Si durante el día se mostraba muy activo y enérgico, de noche dormía como un tronco tendido de espaldas, con las manos unidas sobre el pecho como si fuera un cadáver. Apenas se movía o cambiaba de postura en toda la noche. Si un Boeing 747 aterrizara en el dormitorio, Max se limitaría a suspirar y a volver unos milímetros la cabeza, para luego seguir respirando con la misma regularidad. Era de lo más irritante.
    Ivanna Peñaloza Acevedocompartió una citahace 4 años
    Porque las embarazadas nunca hacen nada malo, según estoy descubriendo.
    Jill se puso su plumón —hacía un frío espantoso, a pesar de que sólo estaban en noviembre— y dijo:
    —Disfrútalo mientras dure. La gente sólo te mima cuando es el primer embarazo. Ya puedes estar de nueve meses y a punto de soltar el segundo que nadie se dignará ofrecerte siquiera una silla. Y como sea el tercero —resopló—, vamos, te preguntan directamente si estaba planeado o no. Como si les resultara increíble que alguien quiera tenerlos voluntariamente...
    Ivanna Peñaloza Acevedocompartió una citahace 4 años
    No era raro entre los miembros de su familia, que solían interpretar lo de «es hora de irse» como «es hora de empezar a despedirse, abrazarse, volverse a abrazar, hacer preguntas de última hora, ir al cuarto de baño, ofrecerse una vez más para recoger y besar a todos los presentes en la habitación»
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    —Bueno, a lo mejor estamos exagerando las dos. ¿Por qué no contactamos con algún abogado del mundo editorial para que nos represente en la negociación? A lo mejor nos podemos quitar de encima esa cláusula sobre la transición de un año... O a lo mejor aparece alguien más que quiera adquirirnos, ahora que tenemos una oferta sobre la mesa. Si Elias-Clark está tan interesado, es posible que otras editoriales también lo estén, ¿no?
    Emily se limitó a mover la cabeza de un lado a otro.
    —Es Elias-Clark. Es Miranda Priestly, por el amor de Dios. Es como si nos hubieran ungido.
    Ivanna Peñaloza Acevedocompartió una citahace 4 años
    —Es que no me puedo creer lo que acaba de pasar —exclamó—. O sea, lo deseaba. Miles estaba convencido de que sería así, pero yo no. ¡Quieren comprarnos! Miranda Priestly está impresionada con nuestra revista. Elias-Clark quiere adquirirla. ¿Te lo imaginas?
    Andy asintió.
    —¿Te puedes creer que ni siquiera nos ha reconocido? Nosotras preocupadas por lo que iba a decir y resulta que ella no tenía ni la más remota idea de que las dos habíamos...
    —¡Andy! ¡La puta Miranda Priestly quiere comprar nuestra revista! ¡Nuestra revista! ¡Comprarla! ¿Es que no lo pillas o qué?
    Ivanna Peñaloza Acevedocompartió una citahace 4 años
    Stanley aclaró algunos puntos que Andy no había entendido del todo y les dio copias de la oferta para que se la pasaran a su equipo de asesores legales («Nota —pensó ella—: conseguir equipo de asesores legales»)
    Ivanna Peñaloza Acevedocompartió una citahace 4 años
    Por primera vez, Andy entendió —lo entendió de verdad— cómo debían de haberse sentido todos los editores, redactores, modelos, diseñadores, anunciantes, fotógrafos y empleados en general de Runway cada vez que abandonaban la relativa seguridad de sus propios despachos para ir a visitar a Miranda. No era de extrañar que en su momento le hubiesen parecido muertos vivientes.
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    Miranda se había trasladado a un amplio despacho en la planta de empresa, aunque seguía conservando intacta su guarida de Runway. Según se decía, era capaz de ir de un despacho a otro sin que nadie la viera, con lo que conseguía aterrorizar al doble de personal en la mitad de tiempo.
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    —No obstante, ha valido la pena —añadió Andy, mientras admiraba la falda de tubo, de bouclé, que lucía Emily, su ceñido suéter de cuello alto, de cachemira, y sus botas de altísimo tacón—. Estás impresionante.
    —Gracias, tú también —respondió automáticamente su amiga sin apartar la mirada del teléfono.
    —Sí, he pensado que este vestido prestado me quedaría bastante bien. No está mal para ser premamá, ¿verdad?
    Emily levantó de golpe la cabeza con una mirada aterrorizada.
    —Ja, era broma. Llevo el vestido que tú me dijiste, y no es premamá.
    Ivanna Peñaloza Acevedocompartió una citahace 4 años
    —¿Crees que sabe que hemos utilizado su nombre para asegurarnos las exclusivas de los famosos?
    —Andy, no creo que eso le importe mucho.
    —Me parece haber leído en alguna parte que autorizó a ese historiador tan famoso, ese tan intelectual, a escribir su biografía. A lo mejor quiere que nos entreviste.
    Emily hizo un gesto de impaciencia.
    —Ya, ya. Sí, suena muy creíble. De los tres millones de personas con las que Miranda ha trabajado a lo largo de los años, ha elegido a una chica a la que despidió delante de otros treinta empleados sin motivo alguno y a otra que la mandó a la mierda en París. Inténtalo otra vez.
    —No tengo ni idea. Pero... ¿sabes qué? Estoy la mar de bien sin saberlo.
    Ivanna Peñaloza Acevedocompartió una citahace 4 años
    Andy entró en el Starbucks que estaba más cerca de Elias-Clark y tuvo que apoyarse en el mostrador para mantener el equilibrio. Llevaba diez años sin entrar allí, pero los recuerdos la asaltaron de forma tan vívida y desagradable que a punto estuvo de desmayarse. Un rápido vistazo a su alrededor le sirvió para confirmar que no le sonaba la cara de ninguno de los empleados que en ese momento estaban tras las cajas registradoras o usando las cafeteras exprés. Vislumbró a Emily, que la saludaba con la mano desde una mesa situada en un rincón.
    —Menos mal que ya has llegado —dijo ésta mientras bebía un sorbito de su café con leche y hielo, tratando de no estropearse el carmín.
    Andy consultó su reloj.
    —Llego casi quince minutos antes de la hora. ¿Cuánto tiempo llevas aquí?
    —No quieras saberlo. Llevo desde las cuatro de la mañana cambiándome de ropa.
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    —Vale, no, en realidad no ha llamado ella. Ha sido su primera asistente, una chica sudafricana que se llama Charla y ha preguntado si tú y yo podemos ir a sus oficinas para una reunión dentro de dos semanas. Ha hecho hincapié en que la mismísima Miranda estará presente.
    —¿Cómo sabes que era sudafricana? —preguntó Andy, simplemente para fastidiar a su amiga.
    Emily parecía a punto de estallar.
    —¿Es que no has oído lo que acabo de decirte? ¡Tenemos, o sea, tú y yo, una reunión con Miranda!
    —Sí, sí, te he oído, lo que pasa es que estoy tratando de no hiperventilar
    Ivanna Peñaloza Acevedocompartió una citahace 4 años
    —¡Miranda! ¡La puñetera Miranda Priestly nos ha llamado esta mañana!
    —No me lo creo —dijo ella negando con la cabeza—. Es técnicamente imposible. A menos que se haya producido una especie de revolución en Runway de la cual no tenemos noticia, Miranda no ha podido llamar aquí. Porque Miranda no llama a ninguna parte. Porque la última vez que yo lo comprobé, Miranda era física, mental y emocionalmente incapaz de marcar un número en un teléfono sin la ayuda de otra persona.
    Ivanna Peñaloza Acevedocompartió una citahace 4 años
    —Como no estás segura de la fecha de la última regla, nos basaremos en las ecografías para calcular las semanas de embarazo. Según lo que hemos visto hoy, la fecha probable de parto es el 1 de junio. ¡Felicidades!
    —El 1 de junio —dijo Max en tono reverencial, como si fuera el mejor día del mundo
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    Andy estaba tendida de espaldas y apenas podía levantar el cuello unos centímetros de la mesa de exploración, pero veía perfectamente la pantalla, el punto y el corazoncito parpadeante: su bebé. Era de verdad y estaba vivo y crecía en su interior. Se le escaparon unas lágrimas silenciosas y dejó el cuerpo inmóvil, pero no pudo contener el llanto. Cuando miró a Max, que aún le sujetaba la mano con fuerza y contemplaba fijamente la pantalla, vio que a él también se le habían humedecido los ojos.
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    En la pantalla apareció la consabida imagen en blanco y negro, como habían visto tantas veces en las películas. La doctora señaló un punto concreto en el centro de lo que parecía un vacío oscuro.
    —Ahí está, ¿lo veis? Eso que parpadea justo ahí. Es el latido del corazón de vuestro bebé.
    Max se levantó de su silla y le cogió la mano a Andy.
    —¿Dónde? ¿Eso de ahí?
    —Sí, exacto.
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