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Libros
David Toscana

La ciudad que el diablo se llevó

Después de la destrucción, ¿qué queda para volver a empezar?, se pregunta el escritor mexicano David Toscana en La ciudad que el diablo se llevó, una novela coral que hace de la imaginación un proceso de supervivencia en un país devastado por la Segunda Guerra Mundial, donde el futuro parece que no llega nunca.
Feliks, Kazimierz, Eugeniusz y Ludwick conviven con las heridas de una ciudad que no acaba de resucitar y recorren las ruinas de Varsovia como si recorrieran sus propias vidas despedazadas por la guerra: entre paseos que se adentran en los escombros, borracheras que miran al abismo, libros perdidos y reescritos interminablemente o cementerios donde germinan historias de vivos y muertos.
Junto a ellos, Olga, Marianka, las hermanas Kasia y Gosia, un barbero, un escritor y un grupo de presos comprenden que sobrevivir significa reconstruir partiendo de las ruinas y que el sentido de la existencia está en la belleza, donde sea que haya que buscarla.
218 páginas impresas
Propietario de los derechos de autor
Bookwire
Publicación original
2020
Año de publicación
2020
Editorial
Candaya
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Opiniones

  • Vilma Rodriguezcompartió su opiniónhace 8 meses

    Uña narración que ayuda a comprender de forma amable el horror de la guerra. Excelente narrativa.

Citas

  • Vilma Rodriguezcompartió una citahace 8 meses
    Allá atrás iba quedando el fantasma de Varsovia. Sus edificios esqueleto. Sus calles muerte. Su historia ceniza.
    A un lado y a otro flotaban los muertos de Powązki. Ciento cincuentaicinco años de muerte y llanto y resignación. De eterno silencio.
    En el centro de las aguas. Cuatro hombres bebían. Celebraban.
    Y a menos que alguien demostrara lo contrario, esa noche, navegando hacia los siete mares, Feliks, Ludwik, Kazimierz y san Eugenio de Varsovia eran inmortales.
    Y lo serían para siempre
  • Vilma Rodriguezcompartió una citahace 8 meses
    De aquellos que bajaron a punta de pistola de los tranvías, quedaban cuatro.
    Entre millones y millones de cadáveres, quedaban ellos cuatro.
    Habían sobrevivido a una ejecución, a bombardeos. Guerra, epidemias y prisión. A la viruela. Al correr de los tranvías. A las espinas de pescado. A las balas perdidas. Al paso de los años. A la mano de dios y los caprichos del diablo. A los maridos celosos. A las amantes burladas. A las aguas del Vístula. Al alcohol adulterado. A las corrientes eléctricas. A la pulmonía. A las tentaciones del suicidio. A que los confundieran con judíos. Al tétanos y la meningitis. A la próstata y los asesinos. Habían sobrevivido a la ciudad capital de la muerte
  • Vilma Rodriguezcompartió una citahace 8 meses
    mi edad, si no muero por un enfriamiento, será por la caída desde esta altura. De inmediato se avergonzó de hablar. Sabía que el síntoma más claro de la vejez era mencionarla

En las estanterías

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