Dios ha dado ojos a los hombres, es cierto, pero ¡también inteligencia para que inventen catalejos que aumenten la potencia de sus ojos…! Y el sol brilla sobre el puente, irradia la espalda de Nissen Piczenik que, sin embargo, no tiene calor. Porque el viento eterno sopla sobre el mar y, efectivamente, parece que del mismo mar viene un viento, un viento de las profundidades del agua.