Robert Louis Stevenson

El diablo de la botella

Keawe, el protagonista, es oriundo de Hawai. Un día siente la necesidad de conocer otras tierras, así que se dirige a San Francisco. Allí ve una casa preciosa, pero el dueño es un viejo que parece triste. Keawe se pregunta cómo el dueño de una casa tan hermosa puede ser tan infeliz. Entonces el viejo le muestra una botella de vidrio blanco, pero que en su interior se podían ver los colores cambiantes del arco iris. El anciano le dice que en el interior de la botella habita un demonio, y que ese demonio le concedería cualquier deseo, excepto alargarle la vida.
43 páginas impresas

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Otras versiones

Opiniones

    Andrés Castillocompartió su opiniónhace 3 años
    👍Me gustó
    🐼Adorable
    💧Prepárate para llorar

    Simpático. Histórico y con un complaciente final. Tradicional pero agradable. Recomendado para relajar los pensamientos y llenar de imaginación la mente.

    Isaías Sepúlvedacompartió su opiniónhace 2 años
    🙈Ni fu ni fa

    Una historia a la que no le veo nada más allá de una narración fantástica y un misticismo propio.

    Andrés Yovanicompartió su opiniónhace 3 años
    🎯Justo en el blanco
    🚀Adictivo

    Muy corto pero emocionante... buena lectura.

Citas

    Denise A.compartió una citahace 2 años
    ¿No es una cosa terrible, esposo mío –dijo Kokua–, que la salvación propia signifique la condenación eterna de otra persona?
    Truedssoncompartió una citahace 2 meses
    alegrándose tan sólo de tener más horas de soledad durante las que cavilar sobre su destino y de no verse condenado con tanta frecuencia a ocultar un corazón enfermo bajo una cara sonriente.
    Raziel Beristaincompartió una citahace 10 meses
    HABÍA un hombre en la isla de Hawaii al que llamaré Keawe; porque la verdad es que aún vive y que su nombre debe permanecer secreto; pero su lugar de nacimiento no estaba lejos de Honaunau, donde los huesos de Keawe el Grande yacen escondidos en una cueva. Este hombre era pobre, valiente y activo; leía y escribía tan bien como un maestro de escuela; además era un marinero de primera clase que había trabajado durante algún tiempo en los vapores de la isla y pilotado un ballenero en la costa de Hamakua. Finalmente, a Keawe se le ocurrió que le gustaría ver el gran mundo y las ciudades extranjeras y se embarcó con rumbo a San Francisco.

    San Francisco es una hermosa ciudad, con un excelente puerto y muchas personas adineradas; y, más en concreto, existe en esa ciudad una colina que está cubierta de palacios. Un día, Keawe se paseaba por esta colina con mucho dinero en el bolsillo, contemplando con evidente placer las elegantes casas que se alzaban a ambos

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