se que la muchacha era hermosa. Sé que lo era, porque en las claras noches de luna, cuando despierto de mi sueño, y reina un pavoroso silencio alredor mio, veo alli, inmóvil, en aquel rincon de mi celda, una pequeña y gastada figura con largo cabello negro, que, lacio sobre sus espaldas, ningun viento terrestre hace por un momento ondear, y ojos que fijos en mi sus órbitas jamás dejan de mirarme. Ah! la sangre se hiela en mi corazon al escribir esto: aquella forma es la suya; las mejillas estan muy pálidas, y los ojos cristalizados; pero los reconozco bien.

Jamás esa criatura se mueve; jamás frunce las cejas , ni mueve los labios, ni hace gestos como los demas que se hallan aqui: pero es mucho mas terrible para mi, mas terrible aun que los espíritus que me incitaron muchos años ha, porque viene fresca de la tumba. Hace cerca de un año vi ese rostro mas y mas pálido; por cerca de un año vi las lágrimas correr por las lividas megillas, é ignorè la causa.

Al fin la descubrí. No pudieron ocultarmelo: nunca me habia amado: de eso bien persuadido estaba: despreciaba mis riquezas; y odiaba el esplendor con que vivia; esto no lo esperaba: amaba á otro.
El manuscrito de un loco, Charles Dickens
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