E.L.James

Grey

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    Ivanna Peñaloza Acevedocompartió una citahace 3 años
    Conozco la fórm ula de las direcciones de correo electrónico de los em pleados de SIP. Creo que Anastasia responderá m ej or por escrito; siem pre lo ha hecho.

    ¿Cóm o em piezo?

    Querida Ana

    No.

    Querida Anastasia

    No.

    Querida señorita Steele

    ¡Mierda!

    Media hora después sigo delante de una pantalla en blanco. ¿Qué narices le digo?

    ¿« Vuelve… por favor» ?

    Perdóname.

    Te echo de menos.

    Vamos a intentarlo a tu manera.

    Apoy o la cabeza en las m anos. ¿Por qué es tan difícil?

    Sin rodeos, Grey. Ve al grano.

    Respiro hondo y tecleo un e-m ail. Sí… esto funcionará.

    Llam a Andrea.

    —La señora Bailey está aquí.

    —Dile que espere.

    Cuelgo, m e tom o un m om ento y, con el corazón desbocado, le doy a

    « Enviar» .

    De: Christian Grey

    Fecha: 8 de junio de 2011 14:05

    Para: Anastasia Steele

    Asunto: Mañana

    Querida Anastasia:

    Perdona esta intromisión en el trabajo. Espero que esté yendo bien.

    ¿Recibiste mis flores?

    Me he dado cuenta de que mañana es la inauguración de la exposición de tu amigo en la galería, y estoy seguro de que no has tenido tiempo de comprarte un coche, y eso está lejos. Me encantaría acompañarte… si te apetece.

    Házmelo saber.

    Christian Grey

    Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc.

    Miro la bandej a de entrada.

    Y m iro.

    Y m iro… La ansiedad aum enta con cada segundo que pasa.
    Ivanna Peñaloza Acevedocompartió una citahace 3 años
    —Oy e, tío, ¿qué te pasa? —Claude levanta su m iserable trasero del suelo, donde lo he hecho aterrizar de un puñetazo—. Esta tarde estás que m uerdes, Grey.

    Se levanta despacio, con la elegancia de un gato grande que tantea de nuevo a su presa. Estam os entrenándonos a solas en el gim nasio del sótano de Grey House.

    —Estoy cabreado —suelto entre dientes.

    Él m antiene el sem blante im pasible m ientras nos m ovem os en círculo.

    —No es buena idea subirte al ring si tienes la cabeza en otro sitio —dice Claude, divertido pero sin quitarm e los oj os de encim a.

    —Pues a m í m e está ay udando.

    —Más a la izquierda. Protégete la derecha. El brazo m ás arriba, Grey.

    Me ataca con un golpe cruzado, m e da en el hom bro y a punto estoy de perder el equilibrio y caerm e.

    —Concéntrate, Grey. Aquí no te traigas todas esas m ierdas de tu vida de ej ecutivo. ¿O es por una chica? ¿Por fin un culo de los buenos te tiene bien pillado? —Me m ira con sorna provocándom e.

    Y funciona: le doy una patada a m edia altura y un puñetazo con todo el peso del cuerpo, y otro m ás, y él retrocede tam baleándose m ientras sus cortas rastas se agitan.

    —Métete en tus putos asuntos, Bastille.

    —Vay a, te he dado donde m ás te duele —alardea Claude, en un tono triunfal.
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    —Andrea, ponm e al teléfono con Welch, con Barney, luego con Fly nn y después con Claude Bastille. No quiero que m e m oleste nadie, ni siquiera m i m adre. A m enos que… A m enos que llam e Anastasia Steele, ¿entendido?
    Ivanna Peñaloza Acevedocompartió una citahace 3 años
    Miro el techo del dorm itorio. No consigo conciliar el sueño. Me atorm enta la fragancia de Ana, que sigue im pregnando m is sábanas. Me llevo su alm ohada a la cara para aspirar su perfum e. Es una tortura, es el cielo, y por un m om ento m e planteo m orir asfixiado.

    Contrólate.
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    Levanto la vista y veo que em pieza a oscurecer. Es tarde. Lo prim ero que pienso es que puedo enseñárselo a Ana.

    Pero ella no está.
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    Ahora solo m e falta colocar las pegatinas en su sitio; son com plicadas de poner, las m uy cabronas
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    Si ha decidido m archarse, no hay vuelta atrás.

    Nunca m ás.

    Me froto el pelo con som bría determ inación.

    Bueno, pues ¡hasta nunca! Estaré m ucho m ej or sin ella.

    Y doy un respingo.

    No, no estaré m ucho m ej or sin ella
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    Desde que te conozco, m e siento m ás vivo.

    Le recorro el labio inferior con el dedo. Quiero besarla, con fuerza. Hacer que olvide lo ocurrido, deslum brarla, excitarla… Sé que puedo. Sin em bargo, algo m e frena: su expresión dolida y recelosa. ¿Querrá que la bese un m onstruo?

    Tal vez m e rechace, y no sé si podría soportarlo. Sus palabras m e atorm entan, hurgan en un recuerdo oscuro y reprim ido del pasado.

    « Eres un m aldito hij o de puta» .

    —Yo tam bién —dice—. Me he enam orado de ti, Christian.

    Recuerdo cuando Carrick m e enseñó a tirarm e de cabeza. Yo m e agarraba con los dedos de los pies al borde de la piscina m ientras arqueaba el cuerpo para lanzarm e al agua… y ahora estoy cay endo una vez m ás, en el abism o, a cám ara lenta.

    No puede tener esos sentim ientos por m í.

    Por m í no. ¡No!

    Y siento que m e falta el aire, asfixiado por sus palabras, que m e oprim en el pecho con su peso im placable. Sigo cay endo y cay endo, y la oscuridad m e acoge en sus brazos. No las oigo. No puedo enfrentarm e a ellas. No sabe lo que dice, no sabe con quién está tratando… con qué está tratando.

    —No. —Mi voz sale teñida de dolorosa incredulidad—. No puedes quererm e, Ana. No… es un error.

    Tengo que sacarla de su error. No puede querer a un m onstruo. No puede querer a un m aldito hij o de puta. Tiene que m archarse, alej arse de m í, y de pronto lo veo todo claro. Es com o una revelación: y o no puedo hacerla feliz. No puedo ser lo que ella necesita. No puedo dej ar que lo nuestro siga adelante. Tiene que acabar. Nunca debería haber em pezado
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    —Lo siento —dice.

    Sus palabras, en voz baj a, son una sorpresa. ¿Se está disculpando?

    —¿El qué?

    —Lo que he dicho.

    Una oleada de alivio m e recorre todo el cuerpo. Me ha perdonado. Adem ás, lo que m e ha dicho cuando estaba furiosa es verdad: soy un m aldito hij o de puta.

    —No m e has dicho nada que no supiera y a. —Y por prim era vez en m uchos años, m e sorprendo a m í m ism o pidiendo disculpas—. Siento haberte hecho daño.

    Encoge un poco los hom bros al tiem po que esboza una débil sonrisa. Me he librado de m om ento. Lo nuestro está a salvo. Todo va bien. Siento alivio.

    —Te lo he pedido y o —dice.

    Eso es verdad, nena.

    Traga saliva, nerviosa.

    —No creo que pueda ser todo lo que quieres que sea —susurra con los oj os m uy abiertos y una sinceridad apabullante.

    De pronto, el m undo se detiene.

    Mierda.

    No estam os a salvo.
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    —No m e dej es —le susurro en los labios—. Me dij iste en sueños que nunca m e dej arías y m e rogaste que nunca te dej ara y o a ti.
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    —Duerm e —susurro estrechándola entre m is brazos.

    Cierro los oj os, luchando contra ese inquietante sentim iento que nace y se extiende por m i pecho una vez m ás. Se trata de una m ezcla de añoranza y de regreso al hogar… que resulta aterradora
    Ivanna Peñaloza Acevedocompartió una citahace 3 años
    —¿Qué tal? —pregunto m ientras alargo los brazos para desengancharla del asiento y del paracaídas.

    —Ha sido fantástico. Gracias —dice, y sus oj os centellean de alegría.

    —¿Ha sido m ás? —Rezo para que no perciba la esperanza de m i voz.

    —Mucho m ás.

    Me ofrece una sonrisa radiante y y o m e siento com o si fuese alguien realm ente especial.
    Ivanna Peñaloza Acevedocompartió una citahace 3 años
    Prim ero hay que ponerse los paracaídas. —Benson alarga un brazo por el interior de la cabina y saca un paracaídas para Ana.

    —Ya lo hago y o —m e ofrezco, y le quito la m ochila al piloto antes de que tenga ocasión de ponerle las m anos encim a a Ana
    Ivanna Peñaloza Acevedocompartió una citahace 3 años
    Ha sido una m añana interesante. Hem os salido de Boeing Field a las 11.30; Stephan está volando con su prim era oficial, Jill Beighley, y tenem os previsto llegar a Georgia a las 19.30, hora local.

    Bill ha conseguido acordar una reunión m añana con la Autoridad para la Rem odelación de las Zonas Industriales de Savannah, y es probable que quede con ellos esta noche para tom ar una copa. Así que, si Anastasia está ocupada, o no quiere verm e, el viaj e no habrá sido una com pleta pérdida de tiem po.

    Sí, sí. Repítete eso, Grey.
    Ivanna Peñaloza Acevedocompartió una citahace 3 años
    Llam o a Tay lor y le digo que voy a necesitar a Stephan y el Gulfstream por la m añana.

    —Muy bien, señor Grey. ¿Cuál es su destino?

    —Nuestro. Nuestro destino es Savannah.

    —Sí, señor.

    Y m e parece apreciar un m atiz divertido en su voz
    Ivanna Peñaloza Acevedocompartió una citahace 3 años
    Anastasia Steele tom ará estos vuelos. Haz que la pongan en prim era clase, ocúpate de que no tenga que facturar y paga para que la dej en entrar en la sala de em barque de prim era. Com pra tam bién el asiento de al lado de los dos vuelos, de ida y de vuelta. Utiliza m i tarj eta de crédito personal.

    La m irada de perplej idad de Andrea m e da a entender que cree que he perdido por com pleto el j uicio, pero pronto se recupera y coge m i nota escrita a m ano
    Ivanna Peñaloza Acevedocompartió una citahace 3 años
    —Welch. Anastasia Steele com prará hoy un billete de avión. Tiene previsto salir esta noche de Seattle con destino a Savannah. Quiero saber cuál es su vuelo.

    —¿Tiene preferencia por alguna aerolínea?

    —Me tem o que no lo sé.

    —Veré qué puedo hacer.

    Cuelgo. Mi astuto plan em pieza a ponerse en m archa según lo previsto.

    —¡Señor, Grey !
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    Le rodeo la cara con am bas m anos para apresurarm e a besarla, pero entonces m e asalta la indeseable im agen de ella en esa postura con otra persona.

    No. No hará esto con nadie m ás. Nunca.

    —Tú… eres… m ía. —Las palabras se abren paso con brusquedad entre nosotros—. ¿Entendido?

    —Sí, tuy a —dice en un tono sentido, lleno de convicción, y m is celos irracionales se desvanecen.
    Ivanna Peñaloza Acevedocompartió una citahace 3 años
    Tam bién necesito que m e confirm e la asistencia al evento del sábado.

    —¿Qué evento?

    —La gala de la Cám ara de Com ercio.

    —¿El sábado que viene? —pregunto. Acaba de ocurrírsem e una idea.

    —Sí, señor.

    —Espera.

    Me vuelvo hacia Ana, que m ueve nerviosa el pie izquierdo sin quitarm e de encim a sus oj os azul cielo.

    —¿Cuándo vuelves de Georgia?

    —El viernes —contesta.

    —Necesitaré una entrada m ás, porque iré acom pañado —inform o a Andrea.

    —¿Acom pañado? —pregunta Andrea con voz chillona, sin dar crédito.

    Suspiro.

    —Sí, Andrea, eso es lo que he dicho, acom pañado, la señorita Anastasia Steele vendrá conm igo.

    —Sí, señor Grey.

    Parece que le he alegrado el día.

    No m e j odas. ¿Qué les pasa a m is em pleados
    Ivanna Peñaloza Acevedocompartió una citahace 3 años
    Mientras recobro la calm a, aparto de m í la extraña oleada de sentim ientos que atorm enta m i interior. No se parece a la oscuridad, pero es algo tem ible.

    Algo que no com prendo
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