Karl Von Vereiter

El Largo Camino Del Miedo

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Cuando, en junio de 1941, Hitler dio luz verde a su provecto ‘Barbarrosa\\\, la más potente máquina de guerra de todos los tiempos inició la invasión de la Rusia soviética.Desde el primer momento, los resultados parecieron demostrar, una vez más, la genialidad militar del Führer del Tercer Reich. Una vez más, la \\\ guerra relámpago” se encendió en las llanuras del Este de Europa, y los tanques avanzaron velozmente hacia el corazón del país de los bolcheviques.En las calles de Berlín, como en las de todas las ciudades alemanas, un frenético gentío alzaba el brazo y gritaba hasta enronquecer: —“SIEG! SIEG! SIEG!\\\ Este grito de victoria parecía justificado.Pero cuando los fríos del invierno pintaron de blanco el paisaje, después de la victoria de Kiev cuando los tanques apuntaban ya hacia Moscú, la poderosa máquina germana empezó a frenar su vertiginoso impulso del comienzo de la campaña:¿Qué ocurría?Alrededor de Hitler, sus más íntimos colaboradores seguían afirmando que el Ejército Rojo carecía de espíritu combativo, que sus cuadros estaban minados por un antisovietismo y que en el corazón de la mayoría de los soldados rusos alentaba un incoercible odio al régimen y a StalinBruscamente, frente al poderoso Ejército del Reich, los rusos lanzaron su formidable ofensiva.El mundo, incrédulo, vio entonces a los vencedores de cien batallas replegarse lo más velozmente posible, abandonando sobre el helado terreno hombres y material.En el Cuartel General, Hitler, frenético, sufría una de sus primeras \\\ cóleras enloquecidas\\\ . ¿Cómo podía ser posible que un Ejército de miserables harapientos, de ignorantes, de esclavos que combatían bajo la amenaza de la pistola de los comisarios políticos pudiese hacer frente a la Wehrmacht?La rabia de Führer recayó sobre generales, coroneles, comandantes. Su aniversión hacia los altos cargos del Ejército se hizo patente, y las destituciones fulminantes cayeron como granizo sobre las unidades que se retiraban.Mientras, hombres helados, hambrientos, insuficientemente vestidos, ya que Hitler esperaba penetrar en Moscú en Navidad, retrocedían a través de la llanura helada…Mil veces más horrible que la retirada de las fuerzas de Napoleón, el repliegue de la Wermacht constituyó la más alucinante, la más triste de las aventuras bélicas, de nuestro tiempo.
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272 páginas impresas

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