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Dani Umpi

Sólo te quiero como amigo

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Y él en qué pensaba? ¿En mí? ¿En la suerte que tenía de estar al lado de alguien que no le preguntaba en qué estaba pensando?
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despertaba y me preguntaba qué había pasado, como si yo pudiera descifrar sus sueños, como si el mundo se hubiera venido abajo mientras dormía
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gestos cariñosos eran siempre aeróbicos, improvisados, igual que sus palabras, cayendo en constantes y embarazosas contradicciones
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Volaban las fantasías, Brasil, las fiestas y todas esas galletitas. Volaban como pajaritos, como mosquitos con la pancita vacía, opaca, desinflada
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me ericé, sentía una larva moviéndose. Sentía que mi cuerpo era un árbol enorme en medio de una tormenta; caía un rayo y de mi interior volaban cientos de pájaros espantados en todas direcciones.
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Es como cuando clavás mal un clavo en un árbol”, dijo Inessa, “uno saca el clavo y lo coloca en el lugar correcto, pero la marca de la falla permanece, ya está, no hay marcha atrás”.
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Siempre es así, uno se da cuenta de las cosas pero no sabe cómo arreglarlas, deshacerlas.
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o. Él siempre fue así, macabro. Escarbaba todo para arrancar los problemas de raíz, sabiendo que eran intentos fallidos.
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Mis caricias se volvían tanteos forenses en su nuca
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Yo no puedo ser así, como él, como sus amigos, como el chico de musculosa blanca, tan desenvuelto, tan seguro, pese a que el mundo me resulte predecible. Me aterró la idea de que podría llegar a extrañar eso también
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Siempre es así. Se van y te dejan hablando solo, en silencio, como si fueras un gato con siete vidas. La puerta queda abierta y uno queda sin saber qué hacer, si conseguirse un gato, si devolverle la licuadora, si cerrar la puerta, si ir a alguna fiesta, si escuchar música, si llamar a su mamá, si planear un viaje a Brasil, si meterse en el baño o en la cocina
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Unos pocos días antes de la partida, el plan de felicidad imperante se va de las manos y no hay marcha atrás
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