Ana Negri

Los eufemismos

    Carmencompartió una citahace 2 meses
    Así ha llegado a formular engendros como calornoso (por calor y bochorno) o extravolar (por extrapolar y valorar); oraciones como “estoy un tanto circunspecta” y “no brindo porque me bebo”. Este suicidio léxico o gramatical tiene lugar casi siempre cuando está cómoda; en situaciones más formales, en las que se espera que responda y resuelva, que establezca prioridades o dé opiniones concretas, se desata en su cabeza una batalla entre su impulso (des)articulador y su esfuerzo por mantener las formas. En el mejor de los casos, el resultado es la emisión de monosílabos más bien crípticos, o bien una perorata incomprensible que se desdice, zigzaguea y se repliega hasta volver al punto de partida. La mayoría de las veces, la contienda se resuelve en una expresión inoportuna que barre con cualquier amago de normalidad y detona miradas de complicidad entre los otros.
    Luli Serrano Eguiluzcompartió una citahace 2 meses
    ahora no me interesa reflejar nada, ahora se trata del evento: el peso del óleo, la textura de la tela, los colores y yo alterando composiciones, densidades. En mis nuevos cuadros suceden eventos irrecuperables a medida que les doy forma.
    Vito d'onghiacompartió una citahace 4 horas
    Con medio cuerpo hacia afuera y los antebrazos apoyados sobre el barandal, Clara mira desde el balcón. El mismo balcón del séptimo piso de Ávila Camacho 21 en el que hace treinta años su madre la bañaba en una tina de plástico azul los días de calor. En aquel entonces no había sido construido ese horrible edificio de oficinas que pusieron justo frente a su departamento y podía verse, en todas direcciones, la ciudad todavía verde y gris. Ahora, en cambio, lo primero que se ve son las más de cuarenta ventanas entintadas que separan a más de cien oficinistas de las corrientes de aire, del vacío y de Clara, que mira desde su balcón hacia la derecha, donde todavía alcanza a ver el horizonte, ya sólo gris, de la Ciudad de México. Desde ahí escucha el constante sonido de motores que cruzan por las avenidas cercanas. El sol aún cae casi en vertical, calentando las azoteas de cemento, reflejándose en los techos de lámina a esta hora del día. Clara mira hacia abajo, sus manos cuelgan por fuera del barandal. Por hacer algo, arranca una hoja del enorme helecho que resiste junto a ella la luz de la tarde; la soba entre el índice y el pulgar de la mano derecha hasta hacerla una bolita y la deja caer sin intención. Su mirada traza una línea imaginaria por donde cayó la hoja. A los costados de esa línea, cuelgan sus manos. Gira apenas la muñeca izquierda para ver mejor el reloj negro y dorado que acaba de regalarle su madre. “Es un buen reloj, es Chanel. Es viejo, pero como mamá siempre ha tenido buen gusto y prefiere formas sencillas, siempre será elegante”, le dijo su madre al dárselo. Odia cuando su madre habla de sí misma en tercera persona, como insertándose en su cabeza para sembrar desde ahí adentro la respuesta pavloviana al estímulo. No lee la hora: son casi cuarto para las siete, “siete menos cuarto”, diría Clara.

    xyz

    demian garcía g.compartió una citahace 12 horas
    No pregunta; ya no pregunta nunca nada acerca de las pérdidas de su madre porque la respuesta siempre es la misma
    Daniela Avilacompartió una citaanteayer
    ¿Y yo a qué me sujeto?, se pregunta sin dejar de balancearse. La ciudad continúa encendida frente a ella y en el anonimato de su casa a oscuras, Clara cumple la fantasía de borrarse.
    Iván Solíscompartió una citaanteayer
    Un atole te vas a tomar? ¡Es una bomba de desayuno, te vas a quedar dormida al volante!

    —No estaría mal —responde con una sonrisa de malicia adolescente—, así terminamos de una vez con todo esto.

    Su madre reconoce el humor de Clara y ríe otra vez
    Iván Solíscompartió una citaanteayer
    Bueno, igual, no quiero que vayas por ahí contando mi vida privada!

    —No te pongas así, hija, no le estaba contando tu vida privada sino de..
    Iván Solíscompartió una citaanteayer
    Cómo querés que vaya comiendo con el platito? ¡Se me va a caer todo!, mirá todas las miguitas que..
    Anni Camargocompartió una citahace 8 días
    Su madre sólo dominaba las palabras; lo que no salía de la boca podía, muchas veces, pasar inadvertido.
    Anni Camargocompartió una citahace 8 días
    Clara tenía, además, un presentimiento funesto de que, con la perra, se iba a fugar el último soplo de fuerza que había mantenido a su madre mirando hacia fuera.
    Anni Camargocompartió una citahace 8 días
    Cuando ha tenido que leer en voz alta siente una inmensa vergüenza de hacerlo mal, por no saber qué acento usar. O más bien, de saber que el acento que está por escapar todo el tiempo, es el de una argentina cuya pertenencia no pende más que del recuerdo de otros. El mexicano... ése le sirve para vivir, no para leer.
    Anni Camargocompartió una citahace 8 días
    entendía que había encontrado una forma de estar con ella.
    Anni Camargocompartió una citahace 8 días
    Su madre, aunque esta vez había vuelto, cada vez avanzaría más hacia adentro.
    Anni Camargocompartió una citahace 8 días
    decía más de lo que decía decir”. Ninguna de las dos dijo nada, pero se vieron un poco más tiempo del necesario para informarse que sabían algo, “que sabían que sabían”.
    Anni Camargocompartió una citahace 8 días
    Clara no necesitaba ver su expresión para saber que tenía miedo. Para temer con ella, por ella y por sí misma.

    —Todo cae, mamá, todo cae.
    Anni Camargocompartió una citahace 8 días
    Clara no necesitaba ver su expresión para saber que tenía miedo. Para temer con ella, por ella y por sí misma.
    Anni Camargocompartió una citahace 8 días
    Las toallas terminan por deslizarse del perchero y caen al piso.

    —Todo cae, mamá, todo cae.
    Anni Camargocompartió una citahace 9 días
    Cada paso era una contradicción entre el apuro por responder esas preguntas y el deseo de retrasar el encuentro con una realidad que temía desde hacía tiempo y de la cual había rehuido exitosamente hasta entonces.
    Anni Camargocompartió una citahace 9 días
    La cabeza le giraba más rápido de lo que el tráfico permitía a las llantas.
    Daniela Avilacompartió una citahace 11 días
    le preguntó si los adultos también sentían miedo.

    —Claro que sí, aunque es distinto —respondió su madre—. Sentimos miedo por otro tipo de cosas.

    —¿Como a qué?

    —Como a perderte, por ejemplo, a que te pase algo, a los milicos.
fb2epub
Arrastra y suelta tus archivos (no más de 5 por vez)