Citas de “El extraño caso de Dr. Jeckyll y Mr. Hyde” de Robert Louis Stevenson

Talía Mendoza Pachuca
Talía Mendoza Pachucacompartió una citahace 3 meses
comencé a ser torturado por ansias y angustias, como si Edward Hyde se debatiera en busca de libertad, hasta que, por fin, en un momento de debilidad moral, una vez más preparé y apuré la poción que debía transformarme.

No creo que un borracho cuando razona consigo acerca de su vicio, tenga conciencia de los peligros a que lo expone su embrutecedora insensibilidad física; de la misma manera, por mucho que hubiera pensado en mi posición, dedicado el tiempo suficiente a considerar la absoluta insensibilidad moral y la insensata disposición para el mal que eran las características principales de Edward Hyde. Sin embargo, fue a través de éstas que recibí mi castigo. El encierro de mi demonio había sido prolongado, así que abandonó rugiente la prisión.

Relación con el alcoholismo

Talía Mendoza Pachuca
Talía Mendoza Pachucacompartió una citahace 3 meses
Al punto se despertó y se desató en mí el espíritu demoníaco. En un momento de júbilo, maltraté a aquel indefenso cuerpo, saboreando con placer cada golpe, y no fue sino hasta que el cansancio se empezó a imponer cuando, repentinamente, en el clímax del delirio, una fría sensación de terror me sacudió el corazón. La niebla se levantó; me di cuenta de que mi vida estaba arruinada y huí del escenario de aquellos excesos exaltado y trémulo a la vez, con mi sed de mal saciada y estimulada a la vez, y con mi alegría de vivir encumbrada a la más alta cima.

Como tocar fondo

Niernen Teirm
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El tiempo era el enemigo cuando faltaba la inteligencia
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¿Fallecerá Hyde en el cadalso? ¿Tendrá el suficiente valor para suicidarse en el último instante? Solo Dios sabe, y a mí no me interesa: éste es el verdadero momento de mi muerte, lo que venga después ya le concierne a otro. Mientras dejo la pluma y procedo a sellar mi confesión, pongo fin a la vida de Henry Jekyll.
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Los poderes de Hyde parecían haber crecido con la debilidad de Jekyll, y no había duda de que el odio que ahora les enfrentaba era igualmente intenso por ambas partes.
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A cualquier hora del día y de la noche me veía asaltado por aquellos premonitorios estremecimientos, y, sobre todo, si me dormía o dormitaba por un momento en mi sillón, despertaba siempre siendo Edward Hyde
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Niernen Teirmcompartió una citahace 5 meses
En consecuencia, todo parecía indicar que, lentamente, iba yo perdiendo el dominio de mi yo original para incorporarme paulatinamente a mi segunda y aborrecible personalidad.
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Los placeres que busqué, así disfrazado fueron como ya he dicho, indignos; no me atrevería a emplear un término más drástico, pero, en las manos de Edward Hyde, pronto comenzaron a derivar hacia lo monstruoso, y cuando regresaba de semejantes excursiones, frecuentemente me hundía en una especie de asombro ante mi propia depravación. Aquel ser tan familiar que yo sacaba de mi propia alma y que enviaba solo en busca del placer, era inherentemente maligno y depravado; sus actos e ideas se centraban en el yo; con bestial avidez libaba el placer de cualquier grado de tortura sufrido por otro; era insensible como estatua de piedra
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Harry Jekyll en ocasiones se horrorizaba de los actos de Edward Hyde
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Sí; me había acostado siendo Harry Jekyll y despertaba en el cuerpo de Edward Hyde.
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El poder de la droga no había actuado uniformemente. Cierta vez, muy al principio de mi carrera, había dejado totalmente de surtir efecto; desde entonces, en más de una ocasión, me había visto obligado a doblar y, en una oportunidad, a triplicar, con infinito riesgo de morir, la dosis
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Fue en ese sentido en el que mi nuevo poder me tentó hasta convertirme en un esclavo
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He observado que cuando asumo la personalidad de Edward Hyde, nadie puede acercárseme sin un evidente recelo de la carne. Esto, me parece a mí, es porque todos los seres humanos, tal como los conocemos, son una mezcla de bien y de mal y porque Edward Hyde, sin antecedentes en la historia de la humanidad, era ejemplo exclusivo del mal
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Me vinieron entonces los más terribles tormentos: un crujir de huesos, náusea mortal y un horror de espíritu que no podría ser superado ni en la misma hora del nacimiento o la muerte. Esta agonía comenzó pronto a pasar y, como quien sale de una grave enfermedad, me fui recobrando.
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Me supe, desde que aspiré por primera vez aquel aire de vida nueva, más perverso, diez veces más perverso, esclavo entregado al mal, y la idea, en aquel momento, me animaba y deleitaba como un vino
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Cada día, y desde ambas facetas de mi inteligencia, lo moral y lo intelectual, me acercaba firmemente a esa verdad a causa de cuyo descubrimiento parcial he sido condenado a tan espantosa suerte: la de que el hombre en realidad no es uno, sino que verdaderamente es dos.
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Se llevó el vaso a los labios y bebió el contenido de un solo trago. Dejó escapar un grito, vaciló, se tambaleó, se aferró a la mesa y permaneció allí, mirando con los ojos inyectados, jadeando con la boca abierta, y mientras yo lo miraba, un cambio, me pareció, comenzó a producirse: daba la impresión de que se hinchaba, el rostro se le oscurecía y los rasgos parecían fundirse y alterarse… Y, un instante después, de un salto me ponía yo de pie y retrocedía hacia la pared con el brazo levantado para protegerme de aquel prodigio, la razón dominada por el terror.
—¡Oh, Dios! –gritaba–. ¡Oh, Dios! –una y otra vez.
Pues, ante mis ojos, pálido y tembloroso, a punto de desvanecerse y andando a tientas como quien vuelve de la muerte, ¡estaba Harry Jekyll!
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La mezcla, de tono rojizo en un principio, comenzó, a medida que los cristales se disolvían, a tomar un color brillante, a hacer efervescencia audiblemente y a desprender leves vapores. De pronto y al mismo tiempo, la ebullición cesó y el compuesto cambió a un color rojo subido que se fue decolorando hasta tomar un tono verde acuoso
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—Hemos llegado demasiado tarde –dijo consternado– para salvar y para castigar. Hyde se ha suicidado, y solo nos resta encontrar el cuerpo de tu amo
Niernen Teirm
Niernen Teirmcompartió una citahace 5 meses
Todo en torno, Londres susurraba con solemnidad, pero, cerca de ellos, la quietud solo era rota por el ruido de unos pasos que se desplazaban de un sitio a otro del gabinete
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