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P.D. Martin

Pesadillas

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  • CorporianoOLcompartió una citahace 7 años
    Me encanta esta sensación, saber que por fin el cazador se ha convertido en la presa.
  • Alexandra Sorianocompartió una citahace 3 años
    cafeína me haga efecto cuanto antes, pero me resulta imposible concentrarme y pienso en lo genial que sería poder estar tumbada en una playa.
  • Alexandra Sorianocompartió una citahace 3 años
    Estoy a punto de llamar a casa, pero decido que estoy demasiado cansada para mantener una conversación inteligente.
  • Walter Edwin Anyaypoma Oconcompartió una citahace 3 años
    Conseguir buenos amigos es todo
  • Saul Rodriguezcompartió una citahace 4 años
    –¿Desearías que te hubieran secuestrado a ti, en vez de a Sam?
  • Majo Ibarracompartió una citahace 4 años
    sabes que no puedes ayudar a todo el mundo. No puedes ganar siempre, Sophie.
  • Majo Ibarracompartió una citahace 4 años
    A veces, se pueden tener unos amigos con los que se va al gimnasio, y otros para ir de marcha, otros con los que compartes una pizza y una peli, y otros con los que sales a cenar.

    –Sí, se puede disfrutar haciendo unas cosas con unos, y otras con otros.

    –Pero a veces conoces a alguien con quien encajas a la perfección, alguien con quien puedes hacer todas esas cosas.
  • Melany Hurtadocompartió una citahace 4 años
    –Pasadlo bien, pero no os olvidéis de la reunión de las ocho en punto.
  • Valentina Arroyo Anillocompartió una citahace 7 años
    el cazador se ha convertido en la presa
  • alinagrebenkinacompartió una citahace 7 años
    Le doy una fuerte patada al saco de arena que está sujetando Marco, y sonrío al verle perder el equilibrio por el impacto. Tengo mucha más potencia en las piernas que en los brazos, supongo que a la mayoría de mujeres les pasa lo mismo.
    Marco mueve el saco hacia arriba y hacia abajo para proporcionarme un objetivo móvil, y golpeo el centro con patadas y puñetazos. Cuando empieza a moverlo de lado a lado y cada vez más rápido, reacciono con una serie de patadas... una frontal con la derecha, dos laterales con la izquierda y una con la derecha, una lateral de ciento ochenta grados, y una a la altura de la cabeza.
    –Bien hecho –me dice, antes de empezar a mezclar los movimientos mientras avanza y retrocede.
    Reacciono en consecuencia, y añado puñetazos al repertorio. Al cabo de diez minutos, estoy sudorosa y la fuerza de mis golpes va disminuyendo.
    –Venga, Sophie.
    Respondo con una serie de patadas, que culminan con una lateral de trescientos sesenta grados; el golpe acaba con las fuerzas que me quedaban, pero produce el efecto deseado y Marco trastabilla hacia el lado.
    –No está mal para una chica –me dice, sonriente.
    No voy a picar el anzuelo. Soy consciente de que mi musculatura no es tan potente como la de un hombre, por lo que tengo que entrenar más duro para ser mejor y más rápida. Después de beberme casi toda mi botella de agua, apoyo las manos en los muslos y bajo la cabeza mientras recupero el aliento.
    Marco se me acerca un poco, y toma un trago de su botella. Está cerca, muy cerca. Al mirarlo, me doy cuenta de que apenas ha sudado. Agarro mi toalla, y me seco el sudor de la cara.
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