El método correcto para frenar la influencia perniciosa que parece amenazar el porvenir intelectual debido a una especialización excesiva de las investigaciones particulares no puede ser, ciertamente, el retorno a la antigua confusión de los estudios, que tendería a hacer retroceder a la inteligencia humana y que, por otra parte, hoy es ya por suerte del todo imposible. Muy por el contrario, la solución es el perfeccionamiento de la propia división del trabajo. En efecto, basta convertir el estudio de las generalidades científicas en una nueva y gran especialidad. Hacer que una nueva clase de científicos, sometidos a una educación conveniente, sin entregarse al cultivo especializado de ninguna rama particular de la filosofía natural, se dedique tan solo, partiendo del estado actual de las diversas ciencias positivas, a determinar exactamente el espíritu de cada una de ellas, a descubrir sus relaciones y su encadenamiento