Se dio cuenta de que los claveles de su abrigo se estaban marchitando a causa del frío, su gloria roja llegando a su fin. Se le pasó por la cabeza que todas las flores que había visto en los escaparates durante el principio de su aventura habrían corrido la misma suerte bastante antes. A pesar de su burla al invierno a través del cristal, tan solo habían contado con un espléndido suspiro. La revuelta contra los sermones que regían el mundo era, después de todo, una batalla perdida.