Si nada lo impide, todos los seres de la naturaleza tienen una tendencia natural a alcanzar todo su potencial. Tu hijo también. Los primeros que repararon en este principio fueron los psicólogos de la llamada corriente
«humanista», hacia la mitad del siglo XX. Por aquel entonces, la psicología se debatía entre dos grandes escuelas: el psicoanálisis, que defendía principalmente que el ser
humano estaba condicionado por deseos y necesidades inconscientes, y el conductismo, que destacaba el papel de las recompensas y los castigos en la determinación de nuestras conductas y de nuestra propia felicidad.