Me pongo a hablar sola por los codos,
por los que no hablan,
musito versos jamás escritos
y que jamás escribiré.
Resucito salmos para sordos,
hago cabriolas para ciegos.
Es, como si rezara por los que no rezan
—incluyéndome—.
Es, como si amara por los que no aman.
Es, como si dejara de dormir
por los que no pueden soñar.
Amigos,
lectores,
amores.
¡Venid esta noche lluviosa
a ver el Pórtico de la Gloria!