Jacqueline Kelly

    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 8 meses
    Teníamos orden de no reírnos ante ese espectáculo asombroso. Y a medida que la dignidad de mamá iba sucumbiendo al calor, descubríamos (igual que papá) que lo mejor era apartarse de su vista
    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 8 meses
    En 1899 ya habíamos aprendido a dominar la oscuridad, pero no el calor de Texas
    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 8 meses
    Aquel verano, yo tenía once años y era la única chica de siete hermanos. ¿Os podéis imaginar una situación peor? Me llamo Calpurnia Virginia Tate, pero entonces todo el mundo me llamaba Callie Vee. Estaba justo entre tres hermanos mayores —Harry, Sam Houston y Lamar— y tres más jóvenes —Travis, Sul Ross y el benjamín, Jim Bowie, al que llamábamos J.B.—. Los
    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 8 meses
    No es que tuviera permiso para hacerlo, exactamente, pero nadie me había dicho que no pudiera. Y si salía airosa era porque tenía mi propia habitación, mientras que todos mis hermanos tenían que compartirla y se habrían chivado de ello en medio segundo. Que yo supiera, eso era lo único bueno de ser una sola chica
    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 8 meses
    El abuelo vivía bajo el mismo techo que nosotros, pero era una especie de figura misteriosa. Tiempo atrás había dejado el negocio familiar en manos de su único hijo, mi padre, Alfred Tate, y se pasaba el día haciendo experimentosen su laboratorio
    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 8 meses
    Mamá no quería escucharlo. Deseaba que su primogénito Harry, de diecisiete años, se convirtiera en un caballero. Tenía pensado enviarlo a la Universidad de Austin, a ochenta kilómetros de distancia, cuando cumpliera los dieciocho. Según el periódico, había quinientos alumnos en la universidad, diecisiete de los cuales eran chicas que estudiaban humanidades (como música, inglés o latín). Los planes de papá eran distintos: él quería que Harry fuese un hombre de negocios, algún día se encargase de la limpiadora de algodón y las plantaciones de pacana, y se uniera a los masones, como él. Sin embargo, por lo visto, las clases de piano no le parecían tan mala idea para mí, si es que alguna vez se paró a pensar en ello
    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 8 meses
    Nosotros considerábamos las luciérnagas un regalo y las hormigas una plaga, pero por primera vez se me ocurrió plantearme el porqué de esa distinción. Todas ellas eran criaturas que intentaban sobrevivir a la sequía, igual que nosotros
    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 8 meses
    Qué era exactamente una naturalista? No estaba segura, pero decidí dedicar el resto del verano a ello. Si lo único que había que hacer era escribir lo que uno viera a su alrededor, sabría hacerlo. Además, ahora que tenía mi propio espacio donde anotarlo todo, veía cosas que no había visto antes
    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 8 meses
    Ya, bueno, yo sólo lo digo, papá —contesté sin convicción, y luego me enfadé conmigo misma por no defender lo que había visto con mis propios ojos
    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 8 meses
    fin y al cabo, ¿qué era un libro para mí? En el fondo daba igual. Algún día iba a tener todos los libros del mundo, estantes y estantes llenos. Viviría en una torre hecha de libros; me pasaría el día leyendo y comiendo melocotones
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